Adriel Yanel

Adriel Yanel

Nacido en Ranelagh un 24 de mayo de 1986, Guillermo Ariel Martin Segovia comenzaba a escribir su historia. El cuarto hijo de Adriana Beatriz Segovia y Pedro Camilo Martin vivió sus primeros años en la localidad de zona sur de la Provincia de Buenos Aires, Argentina. Cursó parte de la primaria en Nuestra Señora de Ranelagh. Luego, se mudó con su familia al barrio porteño de Boedo e inició una nueva etapa en el colegio San José de Calasanz. Ese cambio sacudió las emociones y acrecentó en Guillermo su más grande pasión.

La música lo hace navegar profundo por sus recuerdos, por su familia y su primera guitarra: "Mi abuelo, Agustín Segovia era pianista, poeta, un bohemio de esos que vendían tangos por un café con leche (...) Andrés Segovia fue mi tío abuelo, un guitarrista clásico español, considerado parte importante del movimiento moderno de la guitarra clásica". Su infancia estuvo marcada por un vínculo fuerte con su instrumento. A los seis, su hermano Daniel le regaló una criolla: "Aprendí a tocar con Gustavo, que también me inició en el canto. Él me enseñó de rock nacional, tango, folclore y hasta de música internacional". El profesor era del barrio y tenía un método amigable para que los niños recordasen: cada acorde era un color.

Así, el lado artístico de Guillermo creció. Los actos escolares fueron su primer escenario y en un hogar donde reinaba la música con un hermano dj, una habitación llena de posters y discos de los 80 supo desde siempre que a ella le quería dedicar su vida: "Jamás voy a olvidar que de pequeño miraba el programa Rock and Pepsi, donde descubrí Depeche Mode, David Bowie y Billy Idol, entre otros".

Al perfeccionarse en la música clásica decidió que ese no sería su único molde. A los 14 tuvo una banda con su primo, que le permitió ganar experiencia en géneros como el punk rock y el grunge que según afirma el mismo, eso lo ayudó a comprender el misterio que esconde el under.

La secundaria la hizo en la Escuela Técnica Fray Luis Beltrán y por la carga horaria, el tiempo era escaso para continuar con la música: "La vida me llevaba por otro lado, me levantaba a las cinco y volvía a mi casa a las 19". Pero su perspectiva cambió cuando iba con su hermano y cuñada a una clase de inglés, un día de octubre con lluvia. Un camión los embistió contra una esquina, media cuadra antes de llegar a la escuela. "Fue un antes y después en mi vida. Tuve lesiones que me llevaron a cirugía plástica reconstructiva, por los vidrios que me quedaron en el rostro", recordó.

Más allá de sucesos que atravesó, su carácter autodidacta no lo detuvo y usó su dolor para hacer arte. En el camino descubrió guitarristas como Yngwie Malmsteen, Steve Vai, Joe Satriani y bandas como Deep Purple, Led Zeppelin, Pink Floyd, Gary Moore. Pero su paso a la guitarra eléctrica lo dio por Rata Blanca: "Fui impulsado durante mucho tiempo por Walter Giardino. Me ayudó a entender cómo era luchar por los sueños y seguir mis creencias". En aquel entonces, el acceso a internet no era tan masivo y era difícil llegar a grandes figuras. Pero la perseverancia triunfó: "Le escribí al manager de ese momento, José Luis Botto y, después de muchas ideas y vueltas, me citó en el aeropuerto de Ezeiza para conocer a la banda, un sueño cumplido".

Las primeras ideas que formaron su álbum Cerca de Mí rondaron al frecuentar bandas amigas y a la par de la concurrencia a la escuela comercial Nº 19 Juan Montalvo. A pesar de estar muchas horas metido entre libros, nunca le gustó el colegio, a menos que algo artístico lo motivase. Sin embargo, tomó las fuerzas necesarias para dedicarse a lo que le gustaba y a cerrar el ciclo lectivo, que le dio una herramienta importante dentro de un texto de Eduardo Galeano:

"Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos. "El mundo es eso", reveló. Un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende".

"Los temas del EP marcan un antes y después en mi madurez como músico", indicó y expresó su preferencia por el pop, un género que destaca como versátil. Por eso, aunque sea el mismo en cada paso por su carrera y su esencia, hoy se desenvuelve y empieza la era de Adriel Yanel.




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